Raúl García: “La clave de la intervención con jóvenes es estar siempre disponible”

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El director del centro abierto Rialles es uno de los impulsores del proyecto ‘El Punt’ que propone el trabajo de acompañamiento con jóvenes en su propio entorno, ya sea una plaza o las redes sociales

(por Beatriz Silva) Educadores con disponibilidad plena, sin estructura fija, con horarios totalmente flexibles y libertad para hacer trabajo de acompañamiento en el centro pero también en la calle o en las casas: un educador que va en busca de los adolescentes y jóvenes en vez de esperar a que ellos vengan al centro.

Es la filosofía detrás de ‘El Punt’, uno de los proyectos del centro abierto Rialles de Santa Coloma de Gramenet destinado a jóvenes de entre 16 y 25 años y que ha conseguido en sus 10 años de vida cambiar la forma de abordar el trabajo comunitario. “En algún momento nos dimos cuenta de que si hacíamos el trabajo desde los despachos, no llegaríamos a la mayoría de chavales con necesidades, que teníamos que ir a buscarles: a las calles, a las redes sociales, donde ellos tuvieran su ámbito de acción. Teníamos que hacer posible hacer una tutoría en un bar o en una plaza. Nos dimos cuenta de que podíamos tener un gran marco teórico y mucha infraestructura pero lo más importante para conseguir resultados era tener disponibilidad para estar con ellos”, explica Raúl García, director de Rialles y uno de los impulsores del proyecto.

“Nos dimos cuenta de que si hacíamos el trabajo desde los despachos, no llegaríamos a la mayoría de chavales con necesidades, que teníamos que ir a buscarles: a las calles, a las redes sociales, donde ellos tuvieran su ámbito de acción”

‘El Punt’ ha conseguido convertirse en un referente de intervención y en un experimento pionero del modelo comunitario de atención que ahora se busca impulsar desde las administraciones. Raúl García reconoce, sin embargo, que “el cambio de chip” no fue fácil “porque las estructuras están pensadas para tener un marco fijo de horarios de atención y de jornadas laborales. Aunque la realidad de los chavales funcione en un universo distinto. Un chaval con dificultades no responde a la lógica administrativa. O flexibilizas, o el impacto que tienes es muy pequeño. Nuestra disponibilidad ahora es prácticamente plena y estamos contentos porque cada vez más jóvenes llaman a esta puerta. Es un punto de acogida, de encuentro, como su nombre lo indica”, señala.

Raúl García está convencido de la urgencia de avanzar en este tipo de atención. “Si estamos en la comunidad tenemos que formar parte de ella, no podemos tener un ente aislado sobre el que unos hacen una intervención, y otros, otra. Tenemos que pensar menos en proyectos educativos y más en proyectos vitales, individuales, en una atención más integral. Los proyectos educativos son sesgados. El colegio tiene uno, los servicios sociales otro, y al final nos encontramos que hay 5 ó 6 proyectos diferentes en torno de un mismo chaval. Lo que tenemos que abordar es cómo se acompaña el proyecto de vida de cada persona: ponernos de acuerdo en cómo se acompaña a esa persona, quién es el referente, quién va ser importante para él o ella y cómo estaremos presentes”, dice.

“Tendemos a hacer hincapié en las dificultades en vez de subrayar que son jóvenes con muchas potencialidades y capacidad para superar la adversidad”

El proyecto ‘El Punt’ actúa en una zona donde hay mucha población juvenil pero al mismo tiempo un riesgo alto de exclusión social. “Trabajamos sobre todo con chavales que manifiestan malestar vital: no encuentran su sitio en el mundo, no tienen referencias, están perdidos. Muchos vienen de núcleos familiares que no son capaces de hacer el acompañamiento que ellos necesitan y quedan en tierra de nadie. Los problemas son múltiples. No todos beben ni tienen problemas de salud mental. Hay muchos estereotipos en este tipo de atención pero la realidad es compleja. Muchos tienen problemas con los estudios, para gestionar las emociones, en algunos casos con la justicia. El problema es que tendemos a hacer hincapié en las dificultades en vez de subrayar que son jóvenes con muchas potencialidades y capacidad para superar la adversidad a los que les falta un acompañamiento adulto positivo”, subraya Raúl García.

¿La inversión en infancia y adolescencia permitiría avanzar en la igualdad de oportunidades de estos jóvenes?

“Por supuesto. Si quieres ver resultados, necesitas presupuestos. Ni las mesas de infancia ni los pactos reflejan el compromiso de una sociedad con su infancia. Lo que funciona es la inversión: en más profesionales y mejor preparados, en una estructura bien dotada y en servicios adaptados a las necesidades. El ascensor social no se detiene nunca en la planta baja donde están los jóvenes que atendemos, se detiene en el primero. Si no tienen acceso al primer piso, no pueden subir al ascensor social. Estar en el primero significa darles oportunidades que ahora no tienen. Mientras más recursos y compromiso de la administración, mejores resultados”.

“Lo que funciona es la inversión: en más profesionales y mejor preparados, en una estructura bien dotada y en servicios adaptados a las necesidades”